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¿Qué te aporta un programa de trabajo en el extranjero además de aprender un idioma?

Aprender un idioma distinto al nativo es la principal motivación de quienes hacen las maletas y se van a trabajar fuera de su país. La gran mayoría busca que las dos cosas vayan de la mano. A otros, por el contrario, les basta con adquirir nuevas habilidades en una segunda lengua aunque para ello deban ocuparse en labores que no guarden relación con su especialidad ni con su aspiración salarial.

Pero más allá de esa elección, lo cierto es que trabajar en el extranjero es, actualmente, una práctica bastante generalizada. Gracias a los altos índices de movilidad entre los países, la agilidad de las comunicaciones y la aparición de nuevos mercados y alianzas internacionales, la migración laboral es ahora más habitual que hace un par de décadas, cuando se trataba de una práctica reservada para unos pocos. El mundo actual está más integrado y ofrece enormes posibilidades.

El idioma inglés es el mejor ejemplo. Desde que la movilidad laboral se convirtió en un hecho corriente, muchas personas en el mundo han tenido la posibilidad de aprenderlo y practicarlo en el terreno de los negocios. No es que antes no pasara; la diferencia es que ahora son muchos más los que han accedido a su estudio y lo han acogido como su segunda lengua o, incluso, la primera en el plano laboral.

qué te aporta el trabajo en el extranjero

 

Trabajando fuera. Otras ventajas

Pero sería un error pensar que los idiomas son el único aliciente para que las personas vayan a trabajar fuera de su lugar de origen. Existen otros factores que pesan igual o más en el momento de dar el salto. Repasemos algunos de ellos:

  • Amplías tu red de contactos:
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Si tu agenda de contactos locales está casi llena, imagínate lo que pasaría si le añades aquellos que has conocido durante tu experiencia en el extranjero. A veces las mejores oportunidades laborales están fuera de nuestros sitios de origen; sólo es cuestión de ir a por ellas. Son muchos los casos de personas que, habiendo emprendido una aventura profesional en el exterior con fecha de caducidad, han acabado por instalarse del todo en el país de acogida. Y aun cuando no sea así y tu objetivo sea regresar al mismo punto del que partiste, ten la seguridad de que habrás hecho mejores relaciones y, sin duda, tendrás abiertas otras puertas de cara al futuro.

  • Te adaptas a otros climas laborales:

Los ambientes laborales no son los mismos en todos los sitios. Varían según patrones culturales, demográficos, sociales y hasta climatológicos. Cuando trabajas fuera de tu país notas esas diferencias. Con algunas tendrás más dificultad que con otras. Pero, en cualquier caso, aumentas tu capacidad de adaptación y comprendes que no existe una sola forma de hacer las cosas ni un único método de trabajo.

  • Ganas en experiencia:

La mayoría de las empresas valoran positivamente el hecho de que un candidato haya trabajado en el extranjero. De cara a futuros procesos de selección, es un punto a tu favor frente a otros candidatos. Aparte, si tu objetivo es volver a tu país, puedes poner en práctica todos aquellos conocimientos técnicos, aptitudes, habilidades y destrezas que has adquirido en tu experiencia en el extranjero. Ése también puede ser un valor añadido, sobre todo si aspiras a un ascenso. En ese sentido, trabajar fuera significa casi lo mismo que una maestría o especialización.

  • Mejoras tu aspiración salarial:
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Nadie toma la decisión de ir a trabajar a otro país sin antes valorar la mejora salarial que esto supone. De hecho, en buena parte de los casos es la motivación principal. Ten en cuenta que vas a estar fuera y que ese esfuerzo debe estar recompensado, al menos en parte, por la remuneración que obtendrás.

 

Consejos previos a la toma de la decisión

 

Es imposible predecir con exactitud cómo será nuestra experiencia laboral fuera del país de origen. Su éxito o fracaso dependen de muchos factores. Lo que sí podemos es tener en cuenta algunos aspectos que, al menos de entrada, pueden ayudarnos a tener claridad sobre el tipo de oportunidad que buscamos.

– No te precipites. Analiza con detenimiento las opciones que tienes a mano y, tras ello, elige la opción más apropiada según tus gustos, posibilidades, oportunidades laborales, beneficios y expectativas.

– Fíjate en que el país de acogida te ofrezca lo que buscas. No es igual trabajar en la China que en Canadá. O en Arabia Saudí que en Argentina. Ten presente que debes adaptarse a un idioma nuevo, unas costumbres distintas, unas leyes que en su mayoría desconoces y a otras tantas cosas típicas del lugar de acogida.

– A la vez, ten en cuenta que la oferta laboral sea de tu agrado y que la vinculación con la empresa que te contrata te garantice estabilidad, seguridad y todos los aspectos relacionados con la seguridad social. Si tomas la decisión de trabajar fuera es para que la experiencia sea gratificante y edificante.

– Vivir y trabajar en el extranjero es una decisión que nos cambia la vida. No debe tomarse a la ligera ni mucho menos. Sin embargo, tampoco es definitiva. Más allá del vínculo laboral que acuerdes, siempre tienes la posibilidad de dar marcha atrás si así lo consideras. Imagínate que las cosas no salen bien, o que aquello que en principio tenía una pinta inmejorable resulta ser otra cosa. Bien, pues ya lo sabes: corregir o incluso desertar también hacen parte de la decisión. Eso sí, si la experiencia no ha sido como la esperabas, no dejes de intentarlo. Trabajar fuera vale la pena.

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Además de aprender una segunda lengua, trabajar en el extranjero puede ayudarte a abrir tu panorama profesional y ganar experiencia.



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