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¿Qué eran los police boxes?

Basta con que, en uno de tus ratos libres, mientras estás realizando tu curso de inglés,  des un paseo por Edimburgo para que algo llame poderosamente tu atención. ¿De dónde salieron aquellas construcciones pequeñas de color azul, tan grandes como un puesto de lotería o una taquilla de cine, que de cuando en cuando aparecen en las aceras de los cascos históricos o de algunos barrios? ¿Quién las puso allí, quizá un extraterrestre venido de muy lejos?

Se trata de las Police Boxes, antiguas cabinas de policía que casi todos los turistas que van al Reino Unido no dudan en capturar con sus cámaras fotográficas, y que durante finales del siglo XIX y principios del XX tuvieron gran utilidad.

Pero su diseño antiguo y su posterior adaptación a pequeñas tiendas de café no son las únicas razones para que se hayan convertido en un todo un ícono de Edimburgo y de otras capitales británicas. También tiene que ver, ahora sí, un alienígena de apariencia humana que las usaba como medio de teletransportación.

fuente kent police museum

 

Historia de las Police Boxes. Curiosidades

Las cabinas fueron una idea que surgió en los Estados Unidos, pero a finales del siglo XIX cruzó el Atlántico y se instaló con gran acogida entre los británicos. Las primeras llegaron a Glasgow y eran de color rojo, aunque más adelante se popularizaron por su tono azul y, en ocasiones, gris ratón.

Las cabinas de Edimburgo son más espaciosas que las del resto de ciudades. Su diseño, de corte neoclásico, fue ideado por el arquitecto Ebenzer James McRae, quien desde el principio quiso que se fundieran con el estilo arquitectónico que predomina en algunas zonas de la capital escocesa.

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En un principio, las cabinas ofrecieron un doble servicio ciudadano: primero, eran el medio más rápido y eficaz para hacer llegar quejas, denuncias o emergencias; de otro lado, los agentes designados en dichas zonas podían llamar por teléfono y ponerse en contacto con la central de policía y dar parte de eventuales incidencias.

Además del teléfono, las cabinas tenían los elementos básicos de cualquier comisaría de policía: luz eléctrica, lavabo, un puesto de atención, archivo, libro de incidencias y hasta un kit de primeros auxilios para atender emergencias.

Sin embargo, con la llegada de los famosos wakie-talkies y con el uso extendido que en la segunda mitad del siglo XX adquirieron los teléfonos tradicionales, la cabinas fueron perdiendo su razón de ser. Muchas quedaron en desuso y fueron abandonadas como testimonio vivo de otra época.

Varias décadas después, el Ayuntamiento de Edimburgo ha adelantado programas para recuperarlas. Algunas han sido reconvertidas en tiendas de café o negocios pequeños. Otras son compradas por particulares gracias a los lotes que cada cierto tiempo pone a la venta el gobierno de la ciudad.

Los nuevos propietarios pueden retirarlas de las aceras o dejarlas allí, aunque si eligen la segunda opción deben pintarlas de un color distinto al azul oficial. Muchos lo hacen así antes de convertirlas en negocios particulares.

 

Tardis, el alienígena que popularizó las cabinas

Tardis de Doctor Who
Fuente: youtube

 

En 1963 la BBC emitió la serie de televisión Doctor Who, que contaba la historia de un alienígena que habitaba la Tierra bajo la apariencia de un ciudadano común, y que para transportarse desde su planeta contaba con una singular máquina, llamada Tardis, que adoptaba la forma de una Police Boxes.

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La serie tuvo tal acogida que no sólo puso a Tardis en el centro de la parrilla televisiva británica durante muchos años, sino también a las famosas cabinas de policía. Doctor Who se mantuvo al aire hasta 1989, aunque en 2006 se realizó una segunda versión que aún mantenía intacto el proceso de teletransportación de la primera. Sin embargo, para entonces muchas Polices Boxes no existían y otras estaban abandonadas.

Un breve paseo por las calles de Edimburgo es suficiente para que te fijes en ellas. Ahí siguen, indiferentes al paso del tiempo. De hecho, la gran mayoría aún conserva su ubicación original, justo al lado de las cabinas de rojas de los teléfonos públicos, pues en un principio se entendía que esto facilitaba la labor de los agentes que se asignaban en cada uno de los barrios de la capital escocesa.

La próxima vez que visites Edimburgo no dejes de admirarlas. Son una obra de arte en el sentido extenso de la palabra. Si tu compañero de viaje nunca las ha visto, puedes contarle su historia y agregar, enseguida, que durante un tiempo fueron tan famosas que llegaron a servir de medio de teletransportación a un alienígena.



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