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Las carreras de caballos de Ascot

La pequeña ciudad de Ascot, en Berkshire, acoge todos los años la carrera de caballos más famosa del mundo, la Royal Ascot. La reina Anne fundó en 1711 la primera carrera. Desde entonces los miembros de la casa real británica nunca faltan a esta cita, acompañados de la cuna de la aristocracia británica y otros 300.000 aficionados y curiosos, quizá más atraídos por el glamour en forma de festival de pamelas que por los propios caballos.

La tradición británica se ha extendido hoy en día al resto del mundo, de manera que a esta cita acuden también grandes fortunas europeas y de Oriente Medio. Es difícil resistirse a un evento que combina a la perfección tradición, glamour y dinero.

En el evento se sirve champán o pimms (refrescante bebida inglesa similar al vermouth) acompañado de salmón ahumado y fresas con nata. Todo muy elegante y sofisticado. Tampoco faltan las langostas, en la edición de 2009 se sirvieron más de 11.000.

Normalmente las carreras comienzan al principio del periodo estival, en junio. La Royal Ascot significa para los británicos la inauguración oficial del verano. Varios de los caballos de la propia reina Isabel II participan en la competición y algunos privilegiados jockeys visten sus colores. La reina llega desde el cercano castillo de Windsor admirada por todos, que se colocan en la zona de línea de meta o Royal Enclousure para observar el protocolo. En esta zona, desde donde la familia real asiste a las carreras, es obligado llevar pamela y están prohibidos los vestidos con hombros o espalda al aire, así como los largos por encima de la rodilla. Es frecuente que las señoras también lleven guantes.

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Pertenecer a la exclusiva élite que se sitúa al lado de los reyes en el Royal Enclosure no es fácil. Se trata de un club de amigos extremadamente selecto. El acceso está reservado a aquellas personas invitadas por un representante de Su Majestad, y para poder recibir esta invitación hay que ser “recomendado” por otra persona que haya asistido a las carreras desde este privilegiado espacio durante al menos cuatro años.

Para el resto de los comunes mortales, el privilegio de asistir a la Royal Ascot se reduce al pago de una entrada de unos 400 euros, que dan acceso a presenciar las carreras desde puntos algo menos privilegiados del hipódromo y saborear la atmósfera de este único evento.



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