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La leyenda de Midhir y Etain

Las sociedades con una larga tradición cultural, como le ocurre a la irlandesa, están pobladas de historias y leyendas que viajan en el tiempo desde antiguo. El verano parece un momento apropiado para recordarlas, porque las cortas noches, pobladas de estrellas y alrededor de una sugerente hoguera, parecen hacer un llamamiento a la magia.

Guárdate esta historia para contar a tus compañeros de curso durante tu estancia de inglés, o para captar la atención de los niños a los que cuidas en tu programa de au pair en Irlanda, porque ésta leyenda celta de encantamiento encierra tanta sabiduría que ha inspirado multitud de poemas y obras dramáticas.

 leyenda celta de encantamiento

Se trata de la historia de amor entre Etain y Midhir. Midhir era el un dios celta y Etain su segunda esposa. Los celos de la primera esposa por la belleza de Etain (su nombre en celta significa “the shining one”, la que resplandece), la llevaron a buscar ayuda sobrenatural para convertir a Etain en una mosquita y así quitársela del medio con un simple soplido. El soplido llevó a Etain a Irlanda, tierra de mortales, por donde vagó durante siete largos años.

Al final de estos años llegó a un castillo en el que Edar, un antiguo héroe del Ulster y su esposa celebraban un banquete. Etain se posó en la copa de la reina y esta se la tragó, de manera que volvió a nacer a los nueve meses, y recibió el mismo nombre, convirtiéndose en la mujer más bella de Irlanda.

Mientras Etain crecía, Midhir la seguía buscando. Cuando Etain creció se casó con Eochaidh, el rey de Irlanda. Midhir se le apareció a Etain, explicándole quién era, le pidió que abandonara a su esposo y volviera con él. Sin embargo ella rechazó la propuesta, alegando que de ningún modo abandonaría al rey para ir con un extraño.

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Así, para poder recuperar a Etain, Midhir retó al rey a tres partidas de ajedrez. Las dos primeras fueron ganadas por Eochaidh, que solicitó premios muy valiosos y le fueron concedidos. En la tercera partida, Midhir fue el vencedor. Como premio, solicitó llevarse a Etain, pero el rey se lo negó. Así, el dios cambió su petición y solicitó poder darle un beso y un abrazo, solicitud que le fue concedida. En el momento en el que Midhir besaba y abrazaba a Etain, ambos se convirtieron en hermosos cisnes que se marcharon volando por el cielo.

Metafóricamente, la figura de Etain trata de representar la dualidad que hay en cada ser humano entre el cuerpo y el alma, pues ella era al mismo tiempo humana y divina. Además, la historia refleja las transformaciones que todos sufrimos en nuestra vida, en las que a pesar de las dificultades, siempre hay una parte de nosotros que brilla, que nunca se apaga, convirtiéndose en el sentido de nuestro propio ser.



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