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A leopard can’t change its spots

Nada define una cultura como su lenguaje, y el elemento del lenguaje que refleja mejor los valores y las creencias de una sociedad son sus proverbios. No aprenderás en ningún curso de inglés que las dos palabras más comunes en los proverbios británicos son “bien” y “nunca”, necesitarás realizar una estancia en el Reino Unido y convivir con sus gentes para descubrir secretos como éste por ti mismo.

Y teniendo esto en cuenta, se podría entonces deducir que los habitantes de la Gran Bretaña tienen como objetivo común el de ser virtuosos, pero se muestran bastante negativos con los resultados obtenidos.

Podemos tomar como ejemplo el refrán “a leopard can’t change its spots” (el leopardo no puede cambiar sus lunares, que ilustra este sentimiento perfectamente. En su versión más completa dice “a leopard can’t change its spots and a tigre can’t change its stripes” (y el tigre tampoco puede cambiar sus rayas). Significa que una persona no puede cambiar su naturaleza, su esencia, especialmente si es negativa. Incluso si pretende que ha cambiado, hay que tener sospechas de que no es así. Una opinión popular bastante pesimista.

a leopard can’t change its spotsSe suele utilizar en el mismo sentido que aquél otro que afirma que no se le pueden enseñar nuevos trucos al perro viejo (you can’t teach an old dog new tricks) es decir, que es muy difícil hacer cambiar la manera en que las personas hacen las cosas, sus hábitos y costumbres, si se han mantenido de la misma forma durante mucho tiempo.

El refrán sobre los lunares del tigre se registró por primera vez en la lengua del imperio en 1546, aunque procede de mucho antes, del año 700 a.C. Procede del Antiguo Testamento, cuyo narrador pone estas palabras en boca del profeta Jeremías (Jer. 13:23). Éste, como parábola de la violencia y el paganismo que reinaba en aquella época en el reino de Judá, se presenta para difundir su profecía sobre el castigo de Dios a través de una invasión de los pueblos del norte. Así, le pide a una pastora, que ha sido desterrada por su familia y amigos por su maldad, que deje de hacer el mal y viva de acuerdo a las leyes del Señor. Sin embargo, Jeremías se da cuenta enseguida de que va a ser imposible que la mujer siga su consejo. En este momento es cuando dice: “¿Pueden los etíopes cambiar su piel, o el leopardo sus lunares? Entonces podréis también vosotros hacer el bien, habituados como estáis a hacer el mal”.

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La idea de este proverbio tan antiguo tiene su reflejo también en muchas otras lenguas, un reflejo que se manifiesta de las más variadas formas, la mayoría empleando también animales. Los italianos, por ejemplo, dicen que el lobo pierde el pelo pero no el vicio (il lupo perde il pelo ma non il vizio), mientras que para los chinos la cosa se resume en que un perro no puede dejar de comer mierda. Para los finlandeses, la liebre es conocida por sus pistas, y los armenios son los que conservan quizá una semejanza mayor con el inglés cuando dicen que la vaca roja no cambia su piel.

En castellano las opciones son múltiples, como el sentencioso genio y figura hasta la sepultura, que es el que quizá guarda un significado más parecido con su pariente inglés. Matices similares tienen también los populares refranes la cabra siempre tira al monte, no se pueden pedir peras al olmo o el hábito no hace al monje. También se pueden intercambiar por otros que ya han quedado un poco más en desuso, como el árbol que nace torcido jamás endereza sus ramas o caballo viejo no aprende trote nuevo.



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