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Cuando pensamos en enviar a nuestros hijos a un curso
al extranjero, una de las primeras dudas que se nos plantea es elegir
que se alojen en una familia de acogida nativa o en una residencia de
estudiantes. ¿Dónde estarán mejor cuidados? ¿Dónde
se sentirán más cómodos? ¿Dónde aprenderán
más inglés?
Por nuestra experiencia, no hay un tipo de alojamiento perfecto, sino
uno más adecuado para cada tipo de estudiante y que cambia según
su madurez. Los estudiantes más jóvenes, que viajan por
primera vez, o que son bastante dependientes de sus padres, es recomendable
que se alojen en una residencia.
Las residencias en los países de habla inglesa suelen ser colegios
privados, que durante el verano alquilan sus instalaciones a escuelas
de enseñanza del inglés como lengua extranjera. En las residencias
se alojarán grupos de españoles, pero también de
otras nacionalidades, con lo que se favorece la práctica del idioma,
el respeto por otras culturas y el aprendizaje a la convivencia.
Las comidas y las clases se suelen dar en la propia residencia, con lo
que los estudiantes están muy controlados. Todos los días
se organizan actividades deportivas, juegos o se proyectan películas.
También se realizan excursiones periódicas, pero siempre
van acompañados de monitores. Éstos duermen en la residencia,
normalmente en habitaciones próximas a los estudiantes, por lo
que están muy pendientes de sus necesidades y obligaciones en el
curso.
De esta forma, al estar con otros niños españoles, no hablarán
inglés todo el día, pero su integración será
más rápida y se sentirán mucho más arropados
por los compañeros y monitores. Esto facilita un mayor aprovechamiento
del curso.
Por otra parte, el alojamiento en familia es lo más conveniente
para estudiantes que ya han viajado antes al extranjero. Las ventajas
son:
- Reforzará constantemente lo aprendido en clase en situaciones
totalmente auténticas
- Vivirá las 24 horas al día de inmersión total
en la forma de vida y cultura, enriquecimiento imprescindible para su
madurez como persona
- Tendrá que resolver por sí mismo ciertas situaciones
como despertarse, coger el autobús solo, comprar cosas en las
tiendas, importantes para su independencia, por lo que no podemos pretender
que el monitor esté las 24 horas detrás de nuestro hijo.
Aunque por supuesto está disponible para lo que necesiten.
Tenemos que pensar que las familias inglesas, irlandesas o maltesas acogen
estudiantes por motivos fundamentalmente económicos, aunque también
pasan una serie de entrevistas y sesiones formativas que garantizan que
son familias adecuadas para cuidar y relacionarse con jóvenes extranjeros.
Por tanto, no podemos esperar que nuestro hijo tenga las comodidades y
cuidados de casa. Además, las costumbres con respecto a estructuras
de las casas, horarios y limpieza suelen ser muy diferentes a las de nuestro
país. Lejos de suponer un “trauma”, esta experiencia
ayudará al estudiante a apreciar más su vida en España
y a valerse más por sí mismo, y además, el curso
“sólo” dura un mes.

Normalmente las familias acogen 2 estudiantes por habitación y,
en ocasiones, puede llegar a haber hasta 4 estudiantes en la casa, siempre
del mismo sexo. Esto obligará al estudiante a ser ordenado y disciplinado
a la hora de compartir las zonas comunes. Es recomendable que si el estudiante
no tiene mucho nivel de inglés, comparta la habitación con
otro estudiante español el primer año. No es bueno intentar
forzar a que el estudiante hable inglés todo el tiempo. El aprendizaje
de un idioma es algo progresivo.
Todas estas experiencias, aunque al principio “duras”, necesitan
una adaptación, y así debemos explicárselo a nuestros
hijos, ya que son muy positivas para ellos. La mayoría de estudiantes,
sobre todo los que al principio están más a disgusto, luego
no quieren volver a casa.
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